martes, 13 de mayo de 2008
DARWIN Y SU TEORÍA DEL ORIGEN DE LA ESPECIE HUMANA O EVOLUCIÓN DEL HOMBRE

Pero cito, otra más entre otras miles de citas posibles, a Francis Collins, Director del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano, en los Estados Unidos, Premio Príncipe de Asturias de la Investigación Científica en 2001 y principal investigador del Proyecto Genoma Humano, Collins quien confiesa su agnosticismo hasta los 27 años en su libro “El lenguaje de Dios“, dice cómo el descubrimiento del genoma humano le permitió vislumbrar el trabajo de Dios en la naturaleza:

(&hellipGuiño “muchos científicos no saben lo que se pierden al no explorar sus sentimientos espirituales”… “Yo no conozco ningún conflicto irreconciliable entre el conocimiento científico sobre la evolución, y la idea de un Dios creador”.

La evolución es el proceso por el que una especie cambia con el de las generaciones. Dado que se llevaexplicar el origen de la vida sobre la Tierra. Las teorías creacionistas hacían referencia a un hecho puntual de la creación divina; por otra parte, las teorías de la generación espontánea defendía que la aparición de los vivos se producía de manera natural, a partir de la materia inerte. Una primera aproximación científica sobre a cabo de manera muy lenta han de sucederse muchas generaciones antes de que empiece a hacerse evidente alguna variación Antes del siglo XIX existieron diversas hipótesis que intentaban explicar el origen de la vida sobre la Tierra. Las teorías creacionistas hacían referencia a un hecho puntual de la creación divina; por otra parte, las teorías de la generación espontánea defendía que la aparición de los vivos se producía de manera natural, a partir de la materia inerte.


Una primera aproximación científica sobre tema es el trabajo de (1924), El origen de la vida sobre la Tierra, donde el químico ruso propone una explicación, vigente aún hoy de la manera natural en que de la materia surgieron las primeras formas prebiológicas y, posteriormente el resto de los seres vivos. En segundo aspecto de la generación espontánea de la vida tiene una respuesta convincente desde mediados del siglo XIX. En primer lugar; los experimentos realizados por Pasteur, y, de manera fundamental, con los bajos del naturalista británico Charles Darwin (1859), que en su obra El origen de las especies aporta una explicación científica sobre la evolución o «descendencia con modificación», término utilizado por el científico para definir este fenómenos.

A pesar de que Charles Darwin ostenta el honor de haber elaborado esta teoría de
manera científica y rigurosa, existieron importantes antecedentes —puede mencionarse en este sentido la aportación del propio abuelo de Darwin, Erasmo Darwin— que establecieron las primeras pautas del interés científico por estos temas. Sin duda, hay que destacar los estudios de Jean Baptiste de Monet, caballero de Lamarck (1744-1829), que inauguraron una corriente de pensamiento precursora en el estudio de la evolución de los seres vivos. La tesis fundamental del lamarquismo es la transmisión de los caracteres adquiridos como origen de la evolución; la causa de las modificaciones de dichos caracteres se encuentra en el uso o no de los diversos órganos, tesis que se resume en la siguiente frase: «La función crea el órgano».

Lamarck resume sus ideas en Filosofía zoológica (1809), el primer trabajo científico donde se expone de manera clara y razonada una teoría sobre la evolución. A lo largo de cinco años —entre 1831 y 1836—, Charles Darwin, viajando a bordo del Beagle, recogió datos botánicos, zoológicos y geológicos que le Permitieron establecer un conjunto de hipótesis que cuestionaban las ideas precedentes sobre la generación espontánea de la vida. Durante los veinte años siguientes intentó aplicar estos datos a la formulación de una explicación coherente sobre la diversidad observada. En 1858, Darwin se vio obligado a Presentar sus trabajos, cuando recibió el manuscrito de un joven naturalista, A. R. Wallace, que había llegado de manera independiente a las mismas conclusiones que él, es decir, a la idea de la evolución por medio de la selección natural.

Tanto Darwin como Wallace habían tomado como base la obra de Malthus sobre el crecimiento de la población, en la que se establece que, dicho factor tiende a ser muy elevado, se mantiene constante dado que la disponibilidad de alimento y espacio son limitados; a partir de esta premisa la idea de la competencia. Con esta base argumental se pueden establece dos aspectos fundamentales que sustentan la teoría de Darwin y Wallace. Ambos científicos dan por sentado que los seres vivos pueden presentar clones. Esta idea, junto con la noción de competencia establecida anterior por Malthus, les lleva a establecer que estas variaciones pueden ser ventajas o no en el marco de dicha competencia. Por otro lado, como resultado de la lucha tiene lugar una selección natural que favorece a los individuos con variaciones ventajosas y tiende a eliminar a los menos eficaces en la consecución de los recursos necesarios para la vida. Sin embargo, existe un punto de discrepancia entre ambos. Wallace nunca compartió la idea de la selección expresada por Darwin en su obra El origen del hombre (1871).

Según Darwin algunos caracteres son preservados sólo porque permiten a los macho mayor eficacia en esta relación con las hembras. Desarrollo de la teoría de la evolución A finales del siglo XIX, el llamado neodarvinismo primitivo, que se basa en el principio de la selección natural como base de la evolución, encuentra en el biólogo alemán A. Weismann uno de sus principales exponentes. Esta hipótesis admite que las variaciones sobre las que actúa la selección se transmiten según las teorías de la herencia enunciadas por Mendel, elemento que no pudo ser resuelto Darwin, pues en su época aún no se conocían las ideas del religioso austriaco. Durante el siglo XX, desde 1930 a 1950, se desarrolla la teoría neodarwinista moderna o teoría sintética,: denominada así porque surge a partir de la fusión de tres disciplinas diferentes: la genética, la sistemática y la paleontología. La creación de esta corriente viene marcada por la aparición de tres obra. La primera, relativa a los aspectos genéticos de la herencia, es Genetics and the origin of species (1937). Su autor, T. H. Dobzhansky, plantea que las variaciones genéticas implicadas en la evolución son esencialmente mínimas y heredables, de acuerdo con las teorías de Mendel.

El cambio que se introduce, y que coincide posteriormente con las aportaciones de otras disciplinas científicas, es a consideración de los seres vivos no como formas aisladas, sino como partícipes de una población. Esto implica entender los cambios como frecuencia génica de los alelos que determinan un carácter concreto. Si esta frecuencia es muy alta en lo que se refiere a la población, esto puede suponer la creación de una nueva especie. Más adelante, E. Mayr desarrollará en sus obras Systematics and the origin of the species (1942) y Animal species evolution (1963) dos conceptos muy importantes: por un lado, el concepto biológico de especie; por otra parte, Mayr plantea que la variación geográfica y las condiciones ambientales pueden llevar a la formación de nuevas especies. De este modo, se pueden originar dos especies distintas como consecuencia del aislamiento geográfico, o lo que es lo mismo, dando lugar, cuando intentamos el cruzamiento de dos individuos de cada una de estas poblaciones, a un descendiente no fértil. Atendiendo a las condiciones ambientales, en consonancia con las ideas de Dobzhansky., la selección actuaría conservando los alelos mejor adaptados a estas condiciones y eliminando los menos adaptados. En 1944 el paleontólogo G. G. Simpson publica la tercera obra clave para poder comprender esta corriente de pensamiento: en Tempo and mode in evolution establece la unión entre la paleontología y la genética de poblaciones. Durante la segunda mitad del siglo XX se han planteado dos tendencias fundamentales, la denominada innovadora y el darvinismo conservador.

La primera de ellas, cuyo máximo exponente es M. Kimura, propone una teoría llamada neutralista, que resta importancia al papel de la selección natural en la evolución, dejando paso al azar. Por su parte, el neodarvinismo conservador, representado por E. O. Wilson, R. Dawkins y R. L Trivers, queda sustentada en el concepto de «gen egoísta»; según esta hipótesis, todo ocurre en la evolución como si cada gen tuviera por finalidad propagarse en la población. Por tanto, la competición no se produce entre individuos, sino entre los aletos rivales. Así, los animales y las plantas serían simplemente estrategias de supervivencia para los genes. Pruebas de la evolución Son pruebas basadas en criterios de morfología y anatomía comparada.

Los conceptos de homología y analogía adquieren especial relevancia para la comprensión de las pruebas anatómicas. Se entiende por estructuras homólogas aquellas que tienen un origen común pero no cumplen necesariamente una misma función; por el contrario, las estructuras que pueden cumplir una misión similar pero poseen origen diferente, serían análogas. De esta manera, las alas de los insectos y las aves serían estructuras análogas, mientras que las extremidades anteriores de los mamíferos, que presentan un mismo origen pero que llevan a cabo funciones diversas —locomotora, natatoria, etc.—, constituirían estructuras homólogas. En relación a las pruebas embriológicas, hay que distinguir entre ontogenia —las distintas fases del desarrollo embrionario— y filogenia, concepto que hace referencia a las distintas formas evolutivas por las que han pasado los antecesores de un individuo, es decir, su desarrollo evolutivo. En los vertebrados, cuanto más cerca de la fase inicial se sitúan los embriones, más parecidos son; posteriormente, se van diferenciando progresivamente cuanto más cerca de la fase de adulto terminal se encuentran. Otra de las pruebas clásicas es el estudio de los fósiles. El análisis de los distintos estratos geológicos demuestra la presencia de fósiles de invertebrados en los más antiguos; gradualmente, van apareciendo en los más recientes peces primitivos, y, finalmente, los fósiles correspondientes a los mamíferos y las aves.

Conclución:
Es conocida la conmoción que produjeron las ideas evolutivas en la época en que Charles Darwin (1809-1882) las divulgó y defendió en su obra maestra El Origen de las Especies" [1] .
La idea de un mundo cambiante parecía contradecir la creencia en una Creación tal como había llegado hasta los países occidentales de cultura y tradición judeo-cristiana. Un mundo creado directamente por un Creador, Dios, que no admitía interpretaciones distintas a las que se plasmaban de forma literal en el libro del Génesis.
No obstante, la insaciable condena que hubo de sufrir la teoría de la evolución no pudo contrarrestar por mucho tiempo ni la convicción de los argumentos ni las evidencias de la acertada interpretación de la "selección natural" en que se basaba el darwinismo.
Tampoco parecía justa la reprobación de la teoría de la evolución a priori por razones de creencia religiosa tal como la expuso Darwin, pues Darwin no negó nunca la existencia de un Creador, simplemente trató de explicar el método por el cual, cualquiera que fuese la procedencia de los seres vivos, éstos se habían diversificado de forma tan extraordinaria y asombrosa hasta llegar a la sorprendente diversidad de formas de vida actuales.
El problema era que entre ellas se incluía el representante más digno, aquel que había sido creado a imagen y semejanza de Dios y que había de someter la tierra, dominar los peces del mar, las aves del cielo y todo animal que serpentea sobre la Tierra, según reza en el Capítulo 1 del relato bíblico del Génesis [2] .
Sin embargo, ya en su época hubo interpretaciones menos desfavorables y más acordes con una postura mantenida con insistencia por muchos científicos, como veremos más adelante. A este respecto, hemos de recordar al Cardenal católico inglés, de origen anglicano, John Henry Newman, que señaló ya en 1868 que "la teoría de Darwin, verdadera o no, no es necesariamente atea; al contrario, simplemente puede sugerir una idea más grande de la providencia y de la habilidad divina" [3]
En cualquier caso, en muchas tradiciones religiosas se mantenía y se sigue manteniendo hoy la idea del "creacionismo", como una corriente opuesta al "evolucionismo" y según la cual el Universo, la Tierra, la vida y la humanidad, fueron creados tal como han llegado hasta nuestros días, por alguna forma de intervención sobrenatural por un ser supremo, un Dios. Esta es la interpretación mantenida en algunos ámbitos excesivamente escépticos, y a mi juicio injustificadamente recelosos, con la ciencia en todo lo que suponga una visión minimamente distinta a la literalidad de la Biblia.
En su versión más próxima a la cultura cristiana de la época en que expuso su famosa teoría Charles Darwin, el creacionismo defendía que el Universo había sido creado en seis días y que cada una de las especies biológicas sería el resultado de un acto particular de creación divina, interpretando de forma literal el capítulo 1º del Génesis. Hoy cuatro Estados de la unión americana, Minesota, Nuevo México, Ohio y Pensilvania mantienen en los planes de enseñanza oficial un análisis crítico de la teoría de la evolución, aunque sólo en términos generales.
En Kansas se llega más lejos al incluir en la enseñanza pública puntos concretos que, según los nuevos creacionistas, revelan la debilidad de la teoría de la Evolución. Quienes sostenían y aún sostienen esta teoría usan la Biblia como libro de ciencia y por tanto confunden la tradición cultural de la Revelación divina, transmitida por medio de un determinado género literario, con la ciencia.

Fuente Consultada:

Notas:

[1] Charles Darwin. On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life (1859).

[2] Génesis, 1,28.

[3] Texto incluido en una conferencia dictada por el Jesuita George V. Coyne, Director del Observatore Romano, titulada "Science Does Not Need God, or Does It? A Catholic Scientist Looks at Evolution," en Palm Beach Atlantic University, West Palm Beach, Florida 31 de Enero de 2006.


Tags: Creación, Evolución.Creacionismo, Evolucionismo, Darwin

Publicado por Desconocido @ 5:04  | Teología Natural
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