lunes, 23 de junio de 2008

El «Diseño Inteligente» es una pseudociencia

Pseudociencia (del griego “ψεῦδο“, falso y del latín “scientĭa&ldquoGuiño es un término que literalmente significa “falsa ciencia” o “falso conocimiento”, y se refiere a conjuntos de supuestos conocimientos o creencias no científicas, pero que abogan por serlo.

Este prefijo de “falso” suele tener una connotación de engaño intencionado, que es cierta en muchos casos, al tratar de dotarse de la respetabilidad que poseen las disciplinas científicas.

Son muchos los ejemplos de pseudociencias a las que nos enfrentamos a diario: alquimia, astrología, comunismo científico, caracteriología, homeopatía, grafología, ufología, parapsicología, etc.

Ya hemos tratado en otros artículos muchas características de la metodología científica, como la necesidad de que sus hipótesis sean refutables, la repetibilidad de los experimentos o la capacidad de predicción. En este caso vamos a examinar cuáles son los aspectos que hacen que el «Diseño Inteligente» sea considerado una pseudociencia, por no cumplir con las caracterísitcas de una disciplina científica y, sin embargo, pretender dotarse de una pátina de seriedad mediante su fraudulenta adscripción a la misma. Debido a ello, el D.I. está mucho más cerca de la ufología o la astrología que de la biología.

Es complicado dar una definición exacta de qué es una pseudociencia, partiendo de la base de que se trata de un término de negación -lo que no es ciencia-. Numerosos filósofos y científicos han tratado el tema en multitud de publicaciones, desde Popper hasta Kurtz y Sagan. En este primer artículo abordaremos un par de errores muy comunes en estas falsas ciencias, examinando en un segundo artículo lo que diversos autores han definido como características comunes a todas las pseudociencias. En todos los casos, veremos como el Diseño Inteligente entra de lleno en esta definición.

Pruebas, dadme pruebas!

Quizá la característica más intuitiva, especialmente a nivel del público en general, de un resultado científico es que éste debe ser probado y repetible; es decir, no basta con que alguien afirme saber algo o haber comprobado tal o cual fenómeno, sino que deben aportarse pruebas objetivas y ser posible la repetición del fenómeno o del experimento.

Característicamente, las pseudociencias basan sus afirmaciones en todo lo contrario: casos misteriosos, únicos o muy particulares alimentan la elaboración de explicaciones fantásticas cuyo único sustento son precisamente estos casos observados por muy pocos y completamente irrepetibles. Hombrecillos verdes que solo han visto unos pocos y de los que no hay ni siquiera una fotografía nítida, agujeros en los polos que nadie ha observado porque la NASA y la CIA los ocultan, vírgenes sanando desde los árboles a escasos elegidos que nunca se muestran si hay periodistas gráficos en el evento -o simplemente un escéptico- y un largo etcétera.

Aquí resulta, además, de especial importancia la máxima de Hume: “afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias“. Utilizando un ejemplo de Javier Armentia (1988), si yo afirmara que tengo una vaca en mi casa, tal declaración parecería curiosa o extravagante, pero podría ser creído por cualquier persona que visitara mi domicilio y viera la vaca. Pero si lo que mantuviera es que poseo un unicornio, la cosa cambia: la ciencia no ha encontrado nunca un unicorno, por lo que mi afirmación es extraordinaria. No bastaría ahora con que mostrara el supuesto unicornio a cualquier persona, por el contrario, sería necesario que zoólogos expertos comprobaran que el animal que poseo es realmente un unicornio y no un caballo con un cuerno falso pegado a su frente.

Un ejemplo menos rebuscado es el que aporta Toro (2006): suponga que un amigo le dice: “El domingo fui a misa y conocí una persona que mide 1.85 metros”. Sería muy exagerado (aunque no estuviera fuera de lugar) pedirle a esta persona una confirmación de sus afirmaciones para poder confiar en su declaración.

Sin embargo, imagine que su amigo lo que dice es “El domingo fui a una reunión privada con Bill Clinton y conocí a una persona de 2,30 metros”. Bill Clinton es una persona muy destacada que sólo se reune con importantes funcionarios internacionales bajo extremas medidas de seguridad. Decir que se tuvo una reunión con un ex-presidente de los Estados Unidos es una afirmación extraordinaria, si viene de alguien común y corriente. Igualmente, muy pocos humanos sobrepasan una estatura de 2.10 metros . Decir que se conoció a alguien que sobrepasa los 2.30 metros resulta muy improbable.

Por último, suponga que la afirmación de su amigo es “El domingo pasado estuve en la luna y conocí una persona que mide 7 metros de altura” ambas afirmaciones son prácticamente imposibles. Afirmaciones TAN EXTRAORDINARIAS requieren UNA EVIDENCIA EXTRAORDINARIA, por parte de quien las propone.

Esta presentación de hechos extraordinarios, sin aportar prueba alguna más que la simple creencia, intuición, o colección de testimosios subjetivos, es muy habitual en la doctrina del Diseño Inteligente. Su falso y dual discurso pasa por afirmar, por ejemplo, que la gran similitud del esqueleto de los vertebrados se deben a que un ser inteligente, de forma arbitraria y sin razón alguna, decidió que las ballenas nadaran con manos de mamífero en lugar de con aletas de pez; que el ser humano tenga una columna vertebral que funciona mucho mejor siendo cuadrúpedo que bípedo o que los fósiles de esqueletos completos son simples “formas caprichosas de las rocas”. Por supuesto, sin ninguna justificación más que el prejuicio insalvable de que, según su particular interpretación, los resultados obtenidos por zoólogos y geólogos contradicen las sagradas escrituras.

Y, sin embargo, la falta de pruebas no justifica una explicación irracional alternativa

Otro aspecto importante a resaltar que «la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia», aforismo con múltiples variantes recogido por Carl Sagan en varias de sus obras y que describe perfectamente uno de los grandes defectos del Diseño Inteligente como ciencia que pretende ser. Si antes decíamos que una afirmación precisa pruebas, la ausencia de éstas no justifica una explicación fantástica alternativa.

Pongamos un ejemplo: usted está sentado tranquilamente en su salón, y observa que un amigo suyo camina bajo su ventana en dirección al centro de la ciudad. La ruta habitual desde el domicilio de su amigo hasta la ventana de su salón recorre un paso subterráneo que, presumiblemente, habrá atravesado su amigo. Sin embargo, usted no tiene pruebas de ello, por lo tanto ¿podría afirmar taxativamente que su amigo no recorrió el paso subterráneo dado que no tiene ninguna prueba real del hecho?. Obviamente no, porque la falta de evidencias no prueba que no haya ocurrido. De igual forma, tampoco puede afirmar sin lugar a dudas que lo haya atravesado; simplemente, no dispone de suficiente información para poder declarar como cierta ninguna de las dos afirmaciones, incluso aunque se incline más por una que por otra.

¿Que le parecería si el argumento fuera el siguiente: “no tengo pruebas de que mi amigo haya pasado por el subterráneo, por lo tanto, no pudo haberlo atravesado, ha debido llegar volando hasta mi ventana”?; absurdo, ¿verdad?, pues ese es uno de los razonamientos más habituales de los partidarios del Diseño Inteligente.

Los seguidores del D.I. argumentan que no conocemos el proceso que dio origen a la vida orgánica en la Tierra, que desconocemos el origen del ADN o que no sabemos como se pasó desde la célula procariota a la célula eucariota. Esto es cierto, no lo sabemos con seguridad, y es lo único que racionalmente podemos afirmar. Sin embargo, los creacionistas del D.I. llevan el razonamiento al absurdo del amigo volador: “el que la ciencia no sepa como se originó la vida y como se pasó de procariota a eucariota, es una prueba irrefutable de que fue por la intervención de un ser sobrenatural inteligente“.

Entendamos lo que significa esto en toda su importancia: los creacionistas del Diseño Inteligente pretenden que enseñemos en las escuelas, como alternativa a la ciencia tradicional, que nuestros amigos vuelan.

A pesar de que lo comentado en el artículo anterior basta para evidenciar algo, por otra parte obvio, como es la falta de cualquier criterio científico en las doctrinas creacionistas, puede resultar interesante analizar lo que algunos autores han definico como características comunes a todas las pseudociencias. Comprobaremos así si el creacionismo disfrazado de Diseño Inteligente es algo especial o merece compartir revistas con los perseguidores del Monstruo del Lago Ness.

Kurtz (1981), define tres aspectos fundamentales para identificar una pseudociencia:

1. No utilizan métodos experimentales rigurosos en sus investigaciones. En el caso del Diseño Inteligente, ni siquiera existe actividad experimental. Sus tesis se basan en meras interpretaciones bíblicas, consideraciones filosóficas y, sobre todo, crítica a las teorías evolutivas. Únicamente existen una o dos revistas que se autocalifican de “investigación”, aunque no cumplen ni siquiera con los requisitos mínimos como para ser consideradas científicas (Ver “La farsa de una revista científica creacionista&ldquoGuiño. La prueba es que en ningún debate sobre creacionismo se citan referencias experimentales que apoyen las tesis del D.I., únicamente se critican las contrarias o se muestran fuera de contexto datos obtenidos en investigaciones reales que no apoyan realmente sus tesis.

2. Carecen de un armazón conceptual contrastable. El Diseño Inteligente solo tiene una referencia conceptual: la Biblia. No se apoya en ningún conocimiento externo, ni encaja en ningún entorno actualmente conocido. Es más, las tesis del Diseño Inteligente contradicen los conocimientos alcanzados por prácticamente cualquier disciplina científica: Biología, Geología, Química, Física, Astronomía y Antropología. Todo el edificio del conocimiento científico elaborado por esta ciencias debería ser completamente desmontado para poder encajarlas doctrinas creacionistas.

3. Afirman haber alcanzado resultados positivos, aunque sus pruebas son altamente cuestionables, y sus generalizaciones no han sido corroboradas por investigadores imparciales. Leyendo cualquier texto creacionista podemos verificar esta afirmación. Uno de sus argumentos preferidos consiste en asegurar que los últimos resultados científicos contradicen la teoría evolutiva, lo cual es completamente falso, y realizan lecturas parciales que les llevan a formular conclusiones generales completamente falaces, como intentar demostrar la invalidez de todo el registro fósil por un caso de fraude científico (su preferido es el hombre de Piltdown) o una medida errónea del Carbono 14. Tras una serie de alegatos de este tipo, concluyen que es evidente la existencia de un diseño inteligente, sin que las evidencias existan más que en su discurso.

Por otra parte, el físico y filósofo argentino Mario Bunge indica en una de sus publicaciones (Bunge, 1997) que una pseudociencia cumple con la mayor parte de las siguientes características:

1. Invoca entes inmateriales o sobrenaturales inaccesibles al examen empírico, tales como fuerza vital, alma, superego, creación divina, destino, memoria colectiva y necesidad histórica. El Diseño Inteligente lleva implícita esta característica en su propio nombre.

2. Es crédula: no somete sus especulaciones a prueba alguna. No existen laboratorios creacionistas. Los centros educativos (incluso los de educación superior) de fundación religiosa que basan su enseñanza en la Biblia y el creacionismo carecen de actividad investigadora. Para los creacionistas, investigar es profundizar en las sagradas escrituras.

3. Es dogmática: no cambia sus principios cuando fallan ni como resultado de nuevos hallazgos. La ciencia está en contínuo movimiento. Hoy no se consideran las leyes de Newton como exactas, ni la evolución humana como hace veinte años. Sin embargo, el Diseño Inteligente no mueve ni un solo ápice de sus postulados. Da igual que se descubra la imposibilidad física de un diluvio universal, o que la edad de la Tierra esté contrastada desde distintas disciplinas por diferentes métodos; ignorando los resultados empíricos, siguen con los mismos dogmas que hace dos mil años. Incluso, siguen hablando, en pleno siglo XXI, del “eslabón perdido”, ignorando los últimos cien años de descubrimientos paleontológicos.

4. Rechaza la crítica, alegando que está motivada por dogmatismo o por resistencia psicológica. Uno de los principales alegatos del Diseño Inteligente es que sus doctrinas no son aceptadas por la comunidad científica debido a la existencia de «centros de poder» e intereses fácticos que niegan cualquier alternativa a una supuesta «postura oficial». Cayendo en el victimismo, se califican como perseguidos y proscritos por ir en contra de la corriente mayoritaria. Este argumento roza la paranoia cuando acusan a los científicos de ser dogmáticos e irracionales, incapaces de abrir sus mentes a la «verdad». Cualquier crítica realizada es inmediatamente tachada de intento de abandonar a dios en aras del materialismo y la inmoralidad.

5. No encuentra ni utiliza leyes generales. Los científicos, en cambio, buscan o usan leyes generales. No solo eso, sino que la propia filosofía de la doctrina es contraria a la existencia de leyes generales. Si es preciso renunciar a la gravitación universal para explicar la creación de la Tierra, se renuncia. Si es necesario saltarse la ecuación de los gases nobles para explicar el diluvio universal, se la saltan.

6. Sus principios son incompatibles con algunos de los principios más seguros de la ciencia. Los postulados del Diseño Inteligente contradicen los conocimientos más elementales de la biología, física y química. La creación de la Tierra -incluso para los más extremistas, con anterioridad al Sol y hace tan solo 6.000 años-, son contradictorios con los principios básicos de la geología, la astronomía y la física. La existencia de todas las especies de seres vivos desde el origen del planeta es incompatible con los conocimientos aportados por la biología, la genética y la geología. La negación empecinada a que las especies cambien y evolucionen está totalmente enfrentada a los datos y resultados obtenidos por la microbiología, botánica, zoología y paleontología. La propia selección artificial que se practica diariamente en la agricultura y la ganadería es totalmente inexplicable bajo su interpretación de los seres vivos. Su negación de formas intermedias entre especies y la interpretación de los antiguos ecosistemas, donde el hombre convivía con dinosaurios y los hoy depredadores eran herbívoros se da de bruces con todos los datos paleontológicos, fisiológicos y paleoecológicos disponibles. La literalidad del diluvio universal es inexplicable a la luz de nuestros conocimientos actuales de física, química y climatología.

7. No interactúa con ninguna ciencia propiamente dicha. Las ciencias forman un sistema de componentes interdependientes, pero el Diseño Inteligente se sitúa en solitario, sin recabar y sobre todo sin aportar nada a ninguna otra disciplina. La biología evolutiva aporta herramientas utilísimas para multitud de campos como la microbiología aplicada, la agronomía o la zootecnia, por mencionar únicamente ciencias aplicadas. Sin embargo, el Diseño Inteligente no aporta absolutamente nada a ninguna otra disciplina.

8. Es fácil: no requiere un largo aprendizaje, porque no se funda sobre un cuerpo de conocimientos auténticos. Por ejemplo, para investigar en evolución bacteriana, se tiene que comenzar estudiando biología, especializándose posteriormente en microbiología y dedicar después varios años a trabajos de laboratorio. Por el contrario, cualquiera puede afirmar que los fósiles son falsificaciones de cemento, sin que necesite ninguna formación.

9. Sólo le interesa lo que pueda tener uso práctico: no busca la verdad desinteresada. Es evidente que la pretendida «ciencia creacionista» solo se procupa de lo que coincide con el relato bíblico, ignorando todo lo demás. No pretende concer el origen del hombre, dice «saber» cual es el origen del hombre y busca demostrarlo por cualquier medio.

10. Se mantiene al margen de la comunidad científica. Es decir, sus cultores no publican en revistas científicas ni participan de seminarios ni de congresos abiertos a la comunidad científica. Abogan que sus investigaciones son rechazadas por la ciencia «oficial», cuando lo único cierto es que esas investigaciones no existen o son puras perogrulladas sin método alguno. De hecho, si cualquier biólogo descubriera evidencias empíricas de alguna tesis creacionista, publicaría inmediatamente los resultados en una revista de gran impacto, dado lo novedoso del tema. Sin embargo, nunca se ha visto un artículo sobre coexistencia de hombres y dinosaurios en una revista de paleontología, ni una ponencia sobre el diluvio universal en un congreso científico.

Podría parecer que tanto Kurtz como Benge elaboraron sus relaciones de características pseudocientíficas pensando especialmente en el Diseño Inteligente, pero no fue así. Kurtz critica fundamentalmente la parapsicología, mientras que Benge se refiere preferentemente a la homeopatía y el psicoanálisis. Esto nos indica, una vez más, que los libros sobre creacionismo deberían colocarse junto a los de ufología o espiritismo, más que en las estanterías de ciencias.

Referencias

Armentia, Javier (1998). Ciencia vs pseudociencias. Eusko Ikaskuntza. (http://http://www.euskonews.com).

Bunge, Mario (1997). ¿Qué son las pseudociencias?. Diario La nación. Argentina.

Kurtz, Paul, “Is parapsychology a science?”, 1978/1981, The Skeptical Inquirer, Vol 3. nº.2, pp. 14-23;

Sagan, Carl (2005), El mundo y sus demonios, Barcelona: Planeta.

Toro, Hernán (2006). Afirmaciones extraordinarias exigen evidencias extraordinarias. Escépticos Colombia. Publicación digital. http://www.escepticoscolombia.org/detalleContenido.php?id=articulo_afirmacionesEvidencias

Bunge, Mario (1997). ¿Qué son las pseudociencias?. Diario La nación. Argentina.

Kurtz, Paul, “Is parapsychology a science?”, 1978/1981, The Skeptical Inquirer, Vol 3. nº.2, pp. 14-23;


Fuentes:

http://jmhernandez.wordpress.com/2008/06/18/el-%C2%ABdiseno-inteligente%C2%BB-es-una-pseudociencia-i/

http://jmhernandez.wordpress.com/2008/06/22/el-diseno-inteligente-es-una-pseudociencia-ii/



Tags: Creación, Evolución.Creacionismo, Evolucionismo, Diseño Inteligente

Publicado por Desconocido @ 13:13  | Teología Natural
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