Buscando al Dios de Darwin (II)Posted in Agosto 8th, 2006
Buscando entre las sombras
Al apuntar al proceso de la creación de una flor como evidencia de la realidad de Dios, el Padre Murphy estaba abrazando la idea de que Dios tiene la necesidad de paralizar la naturaleza. Según él, para que el nacimiento de un narciso tenga lugar no vale un universo material auto-suficiente sino que hace falta la intervención directa de Dios. Por tanto, podemos encontrar a Dios en aquellas cosas que nos rodean y que no tienen explicación material y científica. En lo elusivo e inexplorado de la naturaleza encontraremos la acción de nuestro Creador.
Los creacionistas que se oponen a la evolución utilizan argumentos similares. Para ellos, la existencia de vida, la aparición de nuevas especies, y, sobre todo, los orígenes de la humanidad aún no han sido y no pueden ser explicados por medio de la evolución o cualquier otro proceso natural. Al negar la auto-suficiencia de la naturaleza, buscan a Dios (o, al menos, un ‘diseñador&rsquo

en aquellas partes de la ciencia que parecen deficientes. El problema es que la ciencia suele ser capaz, dejando pasar el tiempo suficiente, de explicar incluso las cosas más sorprendentes. Una estrategia recomendable para los creacionistas sería procurar no decir a los científicos qué cosas nunca van a poder explicar. La historia está en contra de ellos. Hablando de forma general, la realidad es que entendemos cómo funciona la naturaleza.
Y la evolución forma una parte fundamental de este entendimiento. Ella consigue explicar justo aquellas cosas que sus críticos dicen que no puede. Argumentos en contra de la antiguedad de la tierra, de la validez del registro fósil, y de la suficiencia de los mecanismos evolutivos se desvanecen cuando son analizados de cerca. El patrón debería estar claro incluso para los más fervientes anti-evolucionistas – sus ‘huecos’ favoritos están siendo llenados: ya son bien entendidos los mecanismos moleculares de la evolución, y el registro histórico de la evolución se está volviendo cada vez más convincente. Esto significa que la ciencia puede responder de una forma obvia a los que desafían la evolución: mostrando el registro histórico, analizando los datos, revelando los mecanismos, y poniendo énfasis en la convergencia existente entre las teorías y los hechos.
Sin embargo, hay un problema más profundo causado por los oponentes a la evolución, un problema para la religión. Al igual que hacía nuestro sacerdote, ellos han basado su búsqueda de Dios en la premisa de que la naturaleza
no es auto-suficiente. Por medio de esa lógica sólo Dios puede producir una especie, de la misma forma que Padre Murphy creía que sólo Dios podía producir una flor. Dado que ambas afirmaciones apoyan la existencia de Dios
sólo mientras siguen siendo verdad, cuando son probadas falsas aparecen problemas religiosos serios.
Si aceptamos la falta de explicación científica como prueba de la existencia de Dios, la propia lógica nos dice que cualquier explicación científica satisfactoria se convertiría en una argumento contra Dios. Esta es la razón por la que el razonamiento creacionista, en último término, es mucho más peligroso para la religión que para la ciencia. El excelente trabajo de Elliot Meyerowitz sobre la inducción floral se convierte de repente en una amenaza contra lo divino, incluso cuando el sentido común nos dice que no debería ser así. Al decir, como hacen los creacionistas, que la naturaleza no puede ser auto-suficiente en la formación de nuevas especies, los creacionistas crean una unión lógica entre los límites de los procesos naturales para producir cambio biológico y la existencia de un diseñador (Dios). En otras palabras, muestran a los que apoyan el ateísmo la manera en la que pueden argumentar contra la existencia de Dios – una vez que pruebes que la evolución funciona, entonces se puede derrumbar el templo. Este es un ofrecimiento que los enemigos de la religión aceptan encantados.
Para decirlo sin rodeos, los creacionistas han buscado a Dios en la oscuridad. Aquello que aún no hemos encontrado o que no hemos comprendido se convierte en su mejor – de hecho su única – evidencia para lo divino. Como cristiano, encuentro esta linea de razonamiento particularmente deprimente. No sólo nos enseña a tener miedo de adquirir conocimiento (ya que podría en cualquier momento probar que nuestra fe está equivocada), sino que sugiere que Dios habita únicamente en las sombras de nuestro entendimiento. Yo quiero sugerir que, si Dios es real, debemos ser capaces de encontrarle en otro sitio – en la luz brillante del conocimiento humano, espiritual y científico.
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