Buscando al Dios de Darwin (III)Posted in Agosto 8th, 2006
Fe y razón
Para cada una de las grandes tradiciones occidentales monoteístas, Dios es verdad, amor y conocimiento. Esto debería querer decir que todos y cada uno de nuestros pasos hacia un mayor conocimiento del mundo natural son pasos hacia Dios y no, como mucha gente supone, pasos que nos alejen de Dios. Si tanto la fe como la razón son regalos de Dios, entonces deberían complementarse en lugar de enfrentarse en su papel de ayudarnos a comprender el mundo que nos rodea. Como científico y como cristiano, eso es exáctamente lo que creo. El conocimiento verdadero viene a través de la combinación de la fe y la razón.
Un no creyente, por supuesto, pondrá su confianza en la ciencia y no encontrará ningún valor en la fe. De hecho, yo estoy de acuerdo en que la ciencia permite investigar el mundo natural tanto al creyente como al no creyente a través de las lentes de la observación, el experimento y la teoría. La habilidad de la ciencia para trascender las diferencias culturales, políticas e incluso religiosas contribuye a su genialidad y es parte de su valor como medio para el conocimiento. Lo que la ciencia no puede hacer es otorgar significado o propósito al mundo que explora. Esto lleva a algunos a la conclusión de que el mundo que la ciencia nos ofrece carece de sentido y de propósito. Esa conclusión es errónea. Al contrario, lo que esto nos muestra es que nuestra tendencia humana a buscar significado y valor debe ir más allá de la ciencia y, en último término, provenir desde fuera de ella. Por tanto, el resultado es una ciencia que puede ser enriquecida y complementada por sus contactos con los valores y principios de la fe. El Dios de Abrahám no nos dice qué proteínas controlan el ciclo celular. Pero sí que nos da una razón para preocuparnos, para valorar ese conocimiento y, sobre todo, para preferir la luz del conocimiento antes que la oscuridad de la ignorancia.
Como más de un científico ha dicho, la cosa más admirable del mundo es que tiene sentido. Las partes encajan, las moléculas interactuan, ¡todo ello funciona!. Para aquellos que tienen fe, lo que la evolución dice es que la naturaleza está completa. Su Dios moldeó un mundo material en el que seres verdaderamente libres e independientes pueden desarrollarse. Dios acertó a la primera.
Para algunos, la cruel realidad de la naturaleza humana prueba que Dios está ausente o muerto. El mismo razonamiento podría ser usado para justificar la creencia de que Dios no aparece en ninguna de las impredecibles ramas del arbol evolutivo. Pero la verdad es más profunda. En ambos casos, un dios que decidiera establecer un mundo verdaderamente independiente de sus caprichos, un mundo en el cual criaturas inteligentes pudieran tomar auténticas decisiones entre el bien y el mal, tendría que ser capaz de diseñar una realidad material distinta de sí mismo, y dejarla correr. Ni una naturaleza auto-suficiente, ni la realidad de la maldad en el mundo indican que Dios no existe. Es más, para una persona religiosa ambas apuntan a una verdad muy distinta – la fuerza del amor de Dios y la realidad de nuestra libertad como creación suya.
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