domingo, 08 de marzo de 2009
Sábado 7 de marzo de 2009

Darwin y el debate sobre creación-evolución

La teoría de la evolución puede explicar cómo se ha dado el proceso de evolución hasta la forma humana; pero no puede dar respuestas a las preguntas más acuciantes que nos hacemos los seres humanos: ¿qué sentido tiene el mundo, la vida, la especie humana? Por Rafael Velasco, sj.
   

Rafael Velasco, sj 
Rector de la Universidad Católica de Córdoba

Este año se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Darwin y 150 años de la primera edición de su célebre libro El origen de las especies.

La teoría científica de la evolución, expuesta en esa obra, encendió un encarnizado debate entre “evolucionismo” y “creacionismo”, que ha sido sostenido durante mucho tiempo.

Durante años la teoría de la evolución fue criticada particularmente desde los ámbitos religiosos por considerarse que contradecía los relatos del libro del Génesis, de donde abreva la fe monoteísta, que sostiene: “Un Dios creador de todo desde la nada”.

La teoría de la evolución desplazó contundentemente los argumentos religiosos sostenidos durante siglos. Muchos sintieron que se le quería quitar espacio a Dios. Que si era verdad lo del evolucionismo, entonces las cosas no eran como la Biblia dice. O la Biblia o Darwin estaban en un error.

Muchos tomaron este argumento lineal y decretaron que Darwin se equivocaba. No faltaron, tampoco, quienes dijeron, desde el mundo científico: por fin nos hemos sacado a la religión de encima.

Lamentablemente, la discusión no ha estado siempre correctamente enfocada. Y el problema no residió tanto en la teoría de Darwin, sino en una inadecuada comprensión del mensaje de la Biblia.

Una lectura bíblica. Comprender mejor el sentido de los textos bíblicos que narran los relatos de creación en los que los creyentes fundamos nuestra fe en un Dios creador, tal vez ayude a acceder a una comprensión más amplia. De este modo, comprobaríamos que la teoría científica de la evolución de las especies no contradice la fe en un Dios creador, fundamentalmente porque estamos hablando de dos planos diferentes, que no se excluyen y pueden ser complementarios.

Las religiones monoteístas basan nuestra fe en el Dios creador del Universo, fundamentalmente, en los relatos de los dos primeros capítulos del libro del Génesis, el primer libro de la Biblia.

¿Qué dicen estos textos? Al comenzar a leerlos ya tenemos una sorpresa: hay dos relatos de la creación (no uno solo), y son bastante diferentes. Y sin embargo, están los dos en la Biblia como textos canónicos. Aquí ya hay algo que “no funciona”. ¿Cómo fue, entonces, la creación? ¿Cómo la relata el capítulo primero o cómo lo relata el capítulo segundo? Se ve que al autor bíblico esa aparente contradicción no le interesa, justamente porque tiene en claro que no está haciendo una narración histórica. Es un midrash, un cuento, un mito de origen que tiene un mensaje poderoso de fondo, para el creyente: Dios es el creador, somos su criatura y por eso no somos solitarios, participamos de su espíritu y de su semejanza. Desde el principio el ser humano fue amigo de Dios.

Si bien se lee, el relato del capítulo primero –que relata la creación en siete días–, empieza con la creación de la luz, y sin embargo recién en el cuarto día son creados el Sol y la Luna. Estos astros eran considerados divinidades para los pueblos vecinos (en particular los cananeos) por eso el autor las pone como una creación más en el medio de la creación. Es ilógico, aun para una conciencia “pre–científica”, que se cree la luz el primer día y no se cree el Sol al mismo tiempo. Aquí el autor se ha vuelto a “equivocar”… o no le interesa esa aparente contradicción.

En este relato Dios crea con su palabra, no interviene de maneras más materiales, es trascendente a su creación. Dice y las cosas son: “Dijo Dios hágase la luz, y la luz se hizo…”.

En este relato de la creación el acto más importante no es la creación del ser humano (que es creado el sexto día, junto con los animales), sino el día de descanso, el “Shabat”. “El séptimo día Dios descansó, y bendijo ese día”. Lo más importante de la creación es el día séptimo de descanso, que era el día del culto para el pueblo judío. El escritor indudablemente está tratando de dar fundamento a la santificación del día de culto. Lo más grande de la creación de Dios es el sábado, porque es el día de descanso de Dios.

En este relato, en los manuscritos más antiguos, a Dios se lo llama “Elohim” (el altísimo); nunca se lo llama Yahveh. Este primer relato pertenece a una tradición tardía (siglo V a.C.), ya supone un pueblo organizado y con una religión centrada en el culto. El sábado es el centro de la creación; lo mejor que Dios ha hecho, porque es el centro de la vida del pueblo.

El relato del capítulo segundo comienza con la creación del hombre. Sitúa además la creación en un lugar geográfico determinado: la medialuna fértil, tierra de la que –según esta tradición– proviene Abraham, el padre del pueblo judío; el primer creyente en el Dios bíblico.

Dios además aparece antropomorfizado: hace barro como un alfarero, opera al hombre como un cirujano para sacar de su costado a la mujer, camina por el jardín a la hora de la tarde, sopla sobre el hombre para darle su aliento, dialoga con él. Aquí hay elementos más primitivos (el relato es del siglo X a.C.) y a Dios se lo llama Yahveh (el que es, o el que está y estaráGuiño.

Estas diferencias con el primer relato no son accidentales. El autor está desarrollando otra teología, es decir otra visión acerca de Dios y su relación con los seres humanos y la creación. Lo más importante no es el culto, sino el ser humano, que es imagen y semejanza del Creador, porque está hecho por Dios de la “adamá” (tierra colorada, de ahí el nombre, Adán: hombres –plural– de tierra colorada) y está lleno de vida (Eva, significa vida).

El texto, entonces, está diciendo que desde el comienzo había “hombres y vida”. Y eso es lo querido por Dios. Dios se ha empleado a fondo porque ha trabajado Él mismo en la creación. Aparece un Dios más comprometido en su creación, a diferencia del Dios más trascendente del relato del capítulo primero. Dos relatos, dos teologías, y por eso dos modos de nombrar a Dios.

De aquí se ve con claridad que los relatos pretenden ser otra cosa muy distinta a lo que se imaginó durante mucho tiempo. Son dos teologías de la creación, dos miradas sobre Dios y sobre el hombre, pero nunca pretenden ser una palabra científica definitiva, ni nada por el estilo. Los relatos del Génesis son dos miradas que no se excluyen entre si, pero que enfatizan uno, la trascendencia de Dios y la importancia del culto religioso (el día del descanso) y el otro la centralidad del ser humano como amigo de Dios.

Interpretación bíblica y ciencia. Los textos, como ya dijimos, no intentan ser textos científicos y menos en el sentido positivista de ciencia que poseemos hoy. Pretender eso sería un anacronismo.

Los libros de la Biblia son libros de teología, es decir libros que contienen afirmaciones acerca de Dios, y en ese sentido son considerados verdaderos por los creyentes, pero no son, ni pretendieron ser nunca, libros científicos o históricos en el sentido en que comprendemos actualmente la ciencia histórica. Comprenderlos así ha sido –en su momento– un serio error de las Iglesias (no sólo de la Iglesia Católica) y de las religiones en su versión más fundamentalista.

Si leemos los relatos de creación, desde esta perspectiva que he expuesto aquí, y que es en el fondo una sucinta síntesis de lo que la exégesis actual –católica y protestante– afirma, no podemos encontrar de ninguna manera fundamento para afirmar que la Biblia quiera explicar que la creación fue así, como se relata, en esa sucesión.

No hay, tampoco, argumentos, desde esta perspectiva, para negar un proceso de evolución que ha ido dando origen a la vida y las diferentes especies. No hay fundamento para negar –desde la fe– que el proceso evolutivo sea el modo en el que Dios va creando un mundo en evolución, un mundo que sigue evolucionando. Ya Pierre Teilhard de Chardin, sj, lo afirmó en El Medio Divino y otras obras suyas.

Si el tiempo del mito es justamente intemporal; entonces es posible afirmar que según la Biblia, Dios continúa creando el mundo. Constantemente somos sacados del barro, el soplo de Su Espíritu nos inspira y podemos ser amigos de Dios y de todo lo creado.

Desde la teología de la creación se puede afirmar que Dios va obrando en las causas naturales, a través de ellas de manera misteriosa pero real, de modo trascendente, en y más allá de la historia. El plano de la acción de Dios sólo puede ser comprendido plenamente desde la Fe, aunque no es irracional.

Finalmente. La teoría de la evolución puede explicar el fenómeno; es decir cómo se ha dado el proceso de evolución desde las primitivas formas de vida, hasta la forma humana; pero no puede dar respuestas a las preguntas más acuciantes que nos hacemos los seres humanos: ¿qué sentido tiene el mundo, la vida, la especie humana? Quién se adentre a esos interrogantes humanos, deberá tomar otros caminos: la filosofía, la metafísica, o la religión.

Al final, León Tolstoi tenía razón cuando afirmaba: “La ciencia no nos sirve, porque deja sin responder las dos preguntas fundamentales: qué nos es dado esperar y qué debemos hacer”.

© La Voz del Interior 

Sobre el Midrash

¿Qué son Midrashím?

La interpretación común de la palabra “Midrashim” como “leyendas”, “fábulas” o “cuentos” no es solamente inadecuada, sino también, engañosa.

El término “Midrashim” proviene de la raíz hebrea “darash” que significa buscar, investigar. El Midrash, por lo tanto, es una exposición de los pesukim (versículos) de la Torá que surge de nuestros sabios, después de haber sondeado en las profundidades de cada pasuk y en todas las palabras y letras del mismo en busca del verdadero significado interior.

Según la tradición Sinaítica, las palabras de la Torá pueden ser interpretadas por los Sabios de la Torá en distintos niveles de comprensión. Todas ellas son verdaderas, pues el Creador moldeó la Torá de forma tal, que cada una de sus palabras y letras están cargadas de significado, permitiendo así un gran número de interpretaciones diferentes.
Ahora explicaremos el origen de los Midrashim (adaptado del R. Moshe Jaim Luzzato, Ma-amar al Haagadot).
El Todopoderoso dictó a Moshé el texto de toda la Torá, desde la primer palabra “Bereshit” hasta las últimas palabras, “I”eínei kol Israel”. Al mismo tiempo, le proporciona a Moshé una Explicación Oral detallada del texto que le estaba dictando. El Texto Escrito de la Torá constituía meras notas, breves alusiones a la Torá Oral elaborada. Sin embargo, Hashem le advirtió a Moshé de no poner por escrito la Torá Oral.

Moshe y los Sabios, quienes lo seguían, cuidaron de preservar no solo los rollos escritos de la Tora sino también la Explicación Oral de los mismos. La estudiaron y la transmitieron de generación en generación.

Sin embargo, llegó el momento en que los lideres de la Torá de una generación consideraron que la Torá Oral no podía ser conservada en la memoria únicamente como lo hicieran las generaciones anteriores. Las persecuciones y sufrimientos que el Pueblo Judío padecía en manos de los romanos afectaba su tranquilidad mental y poder de concentración. La Torá Oral corría peligro de ser olvidada, jas veshalom. Los Sabios, por lo tanto, aplicaron una regla Sinaítica, transmitida por Moshé, que autorizaba a los Sabios de la Torá líderes de una generación a tomar ciertas medidas de emergencia a fin de asegurar la supervivencia de la Torá. Dicha medida de emergencia a fin de preservar la integridad de la Torá, fue la de emprender la compilación de la Torá Oral en varios volúmenes escritos. Estos son conocidos como la Mishná y la Guemará (Talmud). Se trataba de una empresa gigantesca que solo podría ser lograda por varias generaciones de los estudiosos de Torá más brillantes (aprox. 3450- 4230). Fue concluida exitosamente con la obvia ayuda del Todopoderoso.

Los Sabios codificaron adecuadamente las halajot, leyes religiosas que Hashem habla encomendado a Moshé. Sin embargo, surgió un problema, respecto de cómo registrar la ética Divina y las enseñanzas de moral que Hashem había revelado a Moshé. Estas contenían principios morales e ideológicamente profundos que, cuando estuvieran escritos, podrían ser leídos por estudiantes de carácter impuro. Los Sabios temieron que, cualquiera que no estuviese guiado por el Temor Divino y que estudiara la verdadera ética de la Torá, podría distorsionar su significado, aún si fuera un erudito. Y si los futuros estudiosos de éstas explicaciones, los Midrashím, fueran tambien ignorantes, seguramente sacarían deducciones erróneas.

Sabios decidieron poner por escrito las enseñanzas morales de la Torá, pero mediante un código secreto. Sólo serían comprensibles para quienes poseyeran la clave del código maestro. Por lo tanto, disimularon dichas enseñanzas morales Divinas, los Midrashim, en cuentos, adivinanzas, parábolas y proverbios enigmáticos. Estos serían inteligibles para los legos, sólo serían descifrados por un circulo limitado de estudiosos de la Torá cuyos maestros les hubieran transmitido dichas claves. Estos, a su vez, revelaron a sus discípulos que el texto literal de los Midrashim es solamente una investidura exterior que disimula su alma y verdadera esencia. Si alguien leyera los Midrashim sin estar familiarizado con el código, eludiría su verdadero significado.

A continuación figura una lista parcial de axiomas relacionadas con losMidrashim:
- Relacionan principios éticos y morales profundos mediante parábolas y comparaciones aparentementes simples.

- Para los principiantes, muchas máximas de nuestros Sabios parecen verdaderas en su sentido absoluto. En realidad, son únicamente aplicables a una esfera limitada - a un tiempo, lugar o sujeto determinado. Por lo tanto, un extraño que no está acostumbrado a su aplicación limitada o a un Mídrash en particular puede ser confundido. Para él contradice otra afirmación de los Sabios.

- Los Sabios sabían, por tradición, que Hashem, cuando concibió la Torá, invistió cada palabra y cada letra con un vasto número de diferentes significados, todos ellos verdaderos.

- Los Sabios, a veces, ocultaban una profunda moral tras principios aparentemente científicos, aceptables en su época. En realidad, no les preocupaba su validez científica, sino la lección moral que ocultaban.

- Es imposible comprender Midrashim salvo que una persona se haya interiorizado previamente de ciertos conceptos fundamentales. Por ejemplo, es evidente que todas las leyes naturales están regidas por fuerzas espirituales- ángeles, shedim y mazikim. Las leyes de la naturaleza operan únicamente por el resplandor del Mundo Celestial. A la inversa, cada uno de los movimientos del hombre deja una huella espiritual en el Mundo Celestial.

- También es importante tener en cuenta que si nuestros Sabios presentan diferentes puntos de vista sobre un mismo tema todos ellos contienen un determinado aspecto de la realidad. Aunque aparentemente resulte contradictorio, todos contienen la verdad en cierto sentido.

- Nuestros Sabios sostenían una tradición por la cual cada pasuk de la Torá aparte de ser verdadero en su sentido más simple y obvio, también contenía un vasto número de alusiones a eventos pasados y futuros. Ellos explicaban los pesukim de acuerdo con las leyes Divinas para la interpretación de la Torá.

Los Midrashim nos inspiran temor y amor hacia el Creador cuando se refieren a Su grandeza, la unicidad del pueblo Judío, la santidad de los tzadikim y la recompensa divina en éste mundo y en el mundo- por- venir. Por lo tanto, también se los llama “hagadot” que en Arameo deriva de la raíz “atraer”, pues captura los corazones del lector, atrayéndolo a servir al Todopoderoso.

Cuando leemos los Midrashím, debemos tener en cuenta que fueron registrados por nuestros Sabios, cuya talla y santidad era tal que podían vivir milagros. La Guemará relata un ejemplo (Taanit 24a)

R..Elazar Ish Bartota distribuía entre los pobres hasta el último centavo que poseía. Era conocido por su caridad que no era proporcional a sus ingresos, por lo que se privaba de necesidades elementales. Por lo tanto, los recaudadores de caridad judíos trataban de evitarlo.
El día del casamiento de la hija de R. Elazar era inminente. El fué al mercado a comprar los alimentos para la boda. Mientras caminaba por las calles, los recaudadores de fondos pasaron, en cuanto notaron la presencia de R. Elazar trataron de esconderse, pero fue demasiado tarde. El los había detectado e iba tras ellos. Cuando los alcanzó, les dijo - Les ruego que me digan por qué causa están recaudando fondos.
Para una niña y un niño huérfanos - contestaron. -Están a punto de casarse y carecen de los fondos necesarios.
R.Elazar exclamó -Juró que tienen prioridad sobre mi hija. Tomen todo el dinero que yo poseo y utilícenlo para su casamiento.
R. Elazar vació sus bolsillos y les entregó su dinero. Se guardó únicamente un zuz (una pequeña moneda) con la cual compró un poco de grano. Cuando volvió a su hogar, colocó el grano en su granero y fue al Beit Hamidrash a estudiar
Más tarde, su mujer le preguntó a su hija -¿Qué compró tu padre para tu boda?
-Un poco de grano- contestó ella. Fué al granero y lo inspecciono, pero para su sorpresa, cuando trató de abrir la puerta del granero no la pudo mover Estaba bloqueada por muchas bolsas, de granos apiladas hasta el techo del granero.
La hijo de R. Elazar corrió al Beit Hamidrash llamó a su padre, Ven a ver lo que tu buen amigo (el Todopoderoso) hizo por ti. Le contó del milagro que había ocurrido.
R. Elazar hizó una promesa - Juro que estas provisiones son como el hekdesh (comida sagrada). Tu participación está limitado a un monto equivalente a todos los pobres del K-Ial Israel.
Lá,Guemará pregunta por qué los milagros evidentes son, otorgados a algunos de los Sabios. (Berajot 20a)

R. Papa preguntó a Abaie - ¿Por qué somos diferentes a las generaciones anteriores en que no vivimos milagros como ellos? Y ésto a pesar de que nuestros conocimientos de la Torá supera los de ellos.

El respondió La diferencia es, que las generaciones anteriores estaban preparadas para mayores sacrificios en aras de kidush Hashem (a fin de santificar el Nombre de Hashem) mientras nosotros no estamos preparados para lo mismo.

Hashem actúa frente a un hombre de la misma manera que él se conduce. Como las generaciones anteriores demostraron tener un espíritu sobrenatural por el Honor Divino, El respondió con hechos sobrenaturales en sus vidas, con milagros. Las generaciones posteriores estaban dispuestas a sacrificar sus vidas por Hashem también, pero únicamente si se los exigía la halaja. Las generaciones anteriores, por el otro lado, desplegaban mesirut nefesh (abnegación), aún en los casos en que la Torá permitiera permanecer pasivo.
Las vidas de nuestros Sabios constituían un permanente kídush Hashem. Su amor por Hashem se expresaba no solamente en su estudio de la Torá y en sus plegarias sino en trabajar, comer, dormir y en cada respiración.
R. Elazar Ish Bartota, quien encontró que el grano se había multiplicado milagrosamente en su granero, dio más tzedaka de la que por halaja se le exige a cada Judío. Fué un moser nefesh por la mitzva. Las necesidades de un hombre pobre eran más importantes a sus ojos que las propias. (Consideren el abismo entre nuestro mundo del pensamiento y el de él. Si se le sugiere a una persona donar el dinero para una caridad en lugar de las flores o un pródigo menú o un fotógrafo en el casamiento de su hija, ¿cómo reaccionaría?)
Los Sabios que compilaron los Midrashim eran santos.
Para darnos una idea más de su grandeza, consideremos la siguiente afirmación (Suka 21b):

“Hilel tenía ochenta discípulos. Treinta de ellos eran tan grandes que merecían la shejiná como la de Moshe Rabeinu. Treinta merecían que la órbita solar se detuviera como con Iehoshua Bin Nun. Veinte eran comunes. El más grande entre ellos era Ionathan ben Uziel, el menos importante, R. Iojanan ben Zakai. Acerca del menos importante, Iojanan ben Zakai, se decía que no había versículo de las Escrituras ni de la Mishna o del Talmud que no conociera; había estudiado todas las halajot, Midrashim, las complicadas alusiones ocultas de los versículos, y todas las normas de los Sabios - no había ningún tema de la Torá mayor o menor en el cual no estuviera versado. Entre los grandes, Ionatan ben Uziel, se decía que mientras estudiaba Torá los ángeles lo rodeaban para escucharlo. Como resultado del fuego espiritual que emanaba, cualquier pájaro que sobrevolaba sobre la cabeza de Ionatan ben Uziel mientras él estudiaba, se quemaba.”

Lo que surge de lo anterior es que el estudio superficial de los Midrashim no le hacen justicia. Cada palabra de nuestros Sabios sagrados fué pronunciada con ruaj hakodesh (espíritu Divino) en ellas. No se registró ningún Midrash para contarnos un simple cuento - cada uno transmite un profundo mensaje.
Por supuesto, una versión de los Midrashim en castellano sólo proporciona un mero resplandor de la santidad, belleza y sabiduría inherente al texto original en Hebreo. La popularización de los Midrashim en castellano no es otra cosa que una “medida de emergencia” necesaria para satisfacer la imposibilidad de la mayoría de los lectores de acceder a las fuentes originales.
Rezamos y esperamos antes que “la tierra se llene del conocimiento de Hashem, como las aguas cubren el mar” (Ieshaiau 11Beso.

Fuente:http://www.tora.org.ar/contenido.asp?idcontenido=131


Tags: Darwinismo, Teoria de la Evolucion, Creación

Publicado por Desconocido @ 20:10
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